Sabiduría de la bobe

Miscelaneas
Tipo y tamaño de letra

...A-mejaie!!!!!

La razón de vivir en comunidades herméticas, les permitió a los
judíos desarrollarse como una nación orgullosa y ostentar el privilegio de ser
la única que permaneció de pie a lo largo de la historia.

...A-mejaie!!!!!

La razón de vivir en comunidades herméticas, les permitió a los
judíos desarrollarse como una nación orgullosa y ostentar el privilegio de ser
la única que permaneció de pie a lo largo de la historia.

La palabra "ghetto" se origina en Venecia a comienzos
del siglo XV y nominaba a una pequeña porción de tierra, en donde un grupo
social se veía obligado a residir por motivos de segregación racial. Allí se
forjó la identidad, la tradición, la gastronomía típica y por supuesto, las
lenguas judías.

Los ghettos predominaron en todas las grandes ciudades europeas y
el ícono de todos estos, terminó de sucumbir a mediados de abril de 1943, con
el ataque de la maquinaria bélica alemana a los combatientes judíos del ghetto,
comandados por Mordejai Anilevich. En su última etapa, el Ghetto de Varsovia
pasó momentos dramáticos, los cuales fueron narrados crudamente por Vladke
("Desde ambos lados del muro") y Bernard Goldstein ("Las
estrellas son testigo"), entre otros miles de testimonios

Los judíos provenientes de la España de finales de siglo XV, muy
especialmente los de Turquía, Grecia y los balcanes, hablaron durante 500 años
una lengua propia: el "Ladino". En Israel se lo conoce como
"Españolit".. El vocablo "ladino" surge de la Escuela de
Traductores de Toledo, en tiempos de Alfonso X "el Sabio" y quiere
decir "traducción".

Dicha escuela, compuesta predominantemente por judíos eruditos,
tradujo a este idioma, centenares de obras del hebreo, el griego y el latín.
Los judíos abandonaron España, pero no su tradición, ni su lengua.

En cuanto llegué a Israel por primera vez, me emocionó
sobremanera ver y escuchar a mujeres mayores hablando de cosas de la vida en
una simple parada de bus, en un idioma que yo entendía en un 90%. Mi sorpresa
se transformaba en pregunta: ¿Cómo pueden mantener un diálogo tan fluido, en un
idioma español "un tanto extraño", dos simples vecinas de barrio, a
sabiendas que ambas dominaban el hebreo perfectamente y que eran oriundas de
Turquía, país de lengua cuya raíz no guarda relación ninguna con las lengua
romances?"

La respuesta -lisa y llanamente- está en el ghetto, ámbito que
permitió conservar sin contaminantes de ningún tipo la esencia de la tradición
y la lengua.

Otros judíos que salieron de España hace mil años, se
establecieron en Alemania y desde allí se desperdigaron hacia toda la Europa
Central. Su vida, signada por el dramatismo, se vivía y soñaba en una lengua
autóctona: el idish.

En su gran mayoría, los judíos hablaban el idish, pero no la
lengua local. El respeto a las tradiciones, la Torá, el Talmud, la Mishná y la
Halajá, se vivían en lengua idish. Magistrales escritores como Scholem Ash,
Itzik Peretz, Scholem Aleijem y el último gran exponente y premio Nobel de
literatura (1978) Ytzhak Bashevis Singer, narraron en el "mame lushn"
(la lengua de Mamá) las historias del "Shteitl" (aldea judía), en
donde son contados relatos de pobreza, pogroms y miedo generalizado.

El advenimiento del regimen nazi y la inmediata Shoá, fueron los
factores desencadenantes para la transformación definitiva del pueblo judío. A
partir de 1945 dos lenguas comenzaron a sucumbir y otra a renacer de sus
cenizas.

Lo poco que quedó del idish escapó hacia los Estados Unidos, Latinoamérica
e Israel. Aquella lengua que vivía su apogeo a principios del siglo XX con
millones de parlantes, quedó herida de muerte tras la guerra y hoy rescatamos
ese acento en las últimas "bobes" que nos van quedando.

Las ashkenazíes respiraron el idish durante un milenio en Europa y
se aferraron a él al establecerse en América por dos razones fundamentales: no
entendían las lenguas locales y para mantener viva la llama de las
reminiscencias de su larga tradición en el viejo continente.

La desaparición del los barrios de los judíos hizo nacer otro
fenómeno que los sociólogos israelíes llamaron de forma espeluznante
"Hashoá hashketá" (El Holocausto silencioso), que no deja ser otra
cosa que los efectos desbastadores de la asimilación.

Por su parte, el Ladino corrió con peor suerte. Aquel referido
diálogo de las vecinas de barrio en idioma ladino en Israel sería imposible
encontrarlo en la América Latina. La similitud entre el español y el
"españolit" hicieron desaparecer totalmente esta última lengua en el
nuevo continente. Judíos turcos, búlgaros y griegos, se adaptaron rápidamente
al español moderno.

El renacimiento del hebreo gracias a la obra de Eliezer Ben Yehuda,
el impulso del movimiento sionista de Theodor Hertzl y la creación del Estado
de Israel, priorizaron la lengua hebrea. En los primeros años de independencia
estaba visto con muy buenos ojos hebreizar los apellidos infames que los
alemanes impusieron a los judíos.

Así los Kirzenbaum pasaron a llamarse Dubdebani (cerezas), los
Stein mudaron a Sela (roca) y los Gold yGoldstein a Zahavi (oro),
por mencionar algunos ejemplos.

Desde finales del siglo XIX , llegaron a latinoamérica centenares
de miles de judíos europeos y trajeron consigo la esperanza de obtener una
mejor vida y un caudal enorme de tradición. Poco queda hoy de todo aquello

¿Se acuerdan cuándo a las abuelas judías se las llamaba
cariñosamente "bobe"? Hoy resulta un término arcaico, pasado
totalmente de moda. Si la palabra abuela denota vejez, "bobe" ya
habla de prehistoria en estos tiempos. A nuestras bobes les apasionaba hablar
de comida, las abuelas judías de hoy debaten temas como dieta, bajas calorías y
colesterol. ¿Alguna vez conocieron alguna bobe que no tuviera el pelo blanco?
¿Conocen alguna abuela judía de hoy que tenga el pelo blanco? Las canas
infundían respeto.

La bobe era toda una institución y sinónimo de sabiduría. Antes
las bobes recibían a sus nietos con manjares propios de la cocina judía. Hoy
compran el "gefilte fish" y las "jales" en el negocio
kosher. Era un placer y un privilegio entrar a las casas de las bobes con
ese aroma a pescado
y a sopa de pollo que invadían todos los rincones. Las abuelas judías de hoy,
disfrazan esas carencias con los caldos Knorr, que siempre las sacan de
algún apuro.

El ámbito natural de la bobe era la cocina. Su contacto con el
mundo era la "Idishe Sho" (La Hora Judía), programa radial al
mediodía en donde se pasaban las noticias en idish. En esa hora también pasaban
las necrológicas judías. Una música funeraria escalofriante daba el
comienzo a la lista de los difuntos del día. Un silencio sepulcral debía
imperar y luego éramos partícipes de la cotidiana congoja: "¡pobre
Moishele, era tan boino!" Las abuelas judías de hoy manejan empresas y
vehículos, navegan por Internet y hablan por celular

Van quedando migajas de ese colosal legado cultural. Así como José
Luis Perales pregunta desconsoladamente a propósito de su amada: "¿quién
le habría robado su corazón?,¿quién le habría mimado?¿dónde habría pasado la
noche? quién le habría besado? ¿quién le habrá preparado hoy el café? ¿quién le
habrá despertado? ¿quién habrá acariciado su espalda? ¿quién le habrá
amado?", los nietos del ayer nos preguntamos: ¿quién nos preparará los
latkes de papa, los varenikes, los kreplaj y los knishes? ¿quién nos llamara
"ínguele"? ¿quién nos hará una caricia y nos dirá "mámele"?
¿quién nos hablará con ese acento extranjero casi extinto.

Era música para mis oídos escuchar todos los meses, durante casi
treinta años, a aquella hermosa bobe amiga que nos honrabá con su visita todos
los días en nuestro hogar. Esa tonalidad inimitable a la hora de hablar hacía
de Feigue Binie (z"l) una persona diferente.

"Baleboste" ejemplar y una verdadera "Eshet
Jail", tuvo que transitar una vida plagada de dificultades y siempre lo
hizo con una sonrisa en sus labios y un sentido del humor extraordinario. Como
un reloj suizo aparecía el primer día del mes, en horas de la tarde, para
averiguar si podía cobrar su pensión. Cuando la telefonista le requería el número
de su cédula de identidad, nunca le importó demasiado si la funcionaria le
entendía: "SIETE TRENTA CUATRO VENTINOIVE".

Lamentablemente Feigue Binie ya partió hacia el más allá, su
legado y el de las otras bobes también se están yendo. Sus aromas y sus acentos
inimitables quedan en nuestros corazones.

A pesar de todo esto, el pueblo judío sigue de pie, ya casi sin el
idish, pero sí con el hebreo, ya sin el ghetto y el shteitl, pero sí con el
Estado de Israel. El precio pagado ha sido extremadamente elevado y los que nos
queda es simplemente agua que se nos escurre por las manos. Pero como reza el
clamor popular: "si no se ha perdido todo, no se ha perdido nada...

La esperanza de recuperar parte del legado está intacta. Me
produce una enorme emoción y alegría ver la reacción de mi hija Maia (10 años)
toda vez que que se encuentra esperando algo y ese algo se demora más allá de
los límites de su paciencia. Cuando ya no puede más, le sale de las entrañas
esa palabra mágica que identifica a un judío en el mundo y lo define todo:
"¿NU"?

Vaya como homenaje a las BOBES, alma y vida de cada hogar judío