Pruebe el vino que tal vez tomaron el Rey David y Jesús

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or primera vez, un vinicultor israelí está haciendo vino con uvas que fueron usadas hace miles de años y que están a punto de desaparecer.

or primera vez, un vinicultor israelí está haciendo vino con uvas que fueron usadas hace miles de años y que están a punto de desaparecer.

Los vinos Recanati tipo Marawi marcan una etapa crucial en la enología israelí moderna, que hasta ahora usaba variedades de uvas traídas a Israel de regiones vitivinícolas de Europa, como Merlot, Sauvignon Blanc y Syrah.

Este vino, nuevo y "antiguo" a la vez, fue dado a conocer al público en la reciente Expo Internacional de Milán durante una cata organizada por Keren Kayemeth LeIsrael-Jewish National Fund (KKL-JNF) y el Ministerio de Turismo de Israel.

JNF-KKL financió la investigación y el desarrollo del proyecto, considerado pionero, el cual está encabezado por un equipo del Centro de I+D de Samaria y el Jordán de la Universidad de Ariel, dirigido por Elyashiv Drori, investigador, enólogo y propietario de la bodega boutique Gvaot, en Samaria.

Drori le dijo a ISRAEL21c que la evidencia arqueológica de que hubo producción de vino en Israel a partir del año 2800 antes de esta era es abundante. Sin embargo, todas las vides en Israel producen hoy uvas de mesa, que no son ideales para hacer vino. La razón es que el Barón Edmond de Rothschild, propietario del Chateau Lafite en Bourdeos, Francia, compró cepas allí para establecer nuevamente la industria del vino en Israel a finales del siglo XIX.

Hace cuatro años, Drori y su equipo se propusieron a investigar qué sucedió con las variedades de uva mencionadas en el Talmud.

"¿Por qué desaparecieron esas variedades? Según nuestra hipótesis, los vinos producidos en la antigüedad fueron desatendidos cuando los musulmanes tomaron el poder [en lo que es Israel hoy] alrededor del siglo VII. Más tarde, los mamelucos prohibieron la producción de vino y talaron todos los viñedos. Así pues, se empezaron a cultivar solamente vides para uvas de mesa", explica Drori. "A pesar de eso, creíamos que debido a la fuerte adaptabilidad de la vid, algunas variedades podrían encontrarse silvestres".

Los estudiantes de Drori Yaakov Henig, Hodaya Brauner y Oshrit Rahimi recorrieron Israel para recoger 480 muestras de vides silvestres. Tras analizar las hojas y extraer el ADN en busca de similitudes con 3.000 variedades mencionadas en bases de datos de Europa y América, el laboratorio identificó más de 150 de origen netamente israelí, entre ellas 60 desconocidas para los agricultores en Israel.

Durante dos años produjeron vinos tintos y blancos de esas variedades en el centro de investigación de Ariel. Análisis químicos y catas de expertos descubrieron unas cuantas variedades con gran potencial para producción a gran escala, incluyendo Jandali y Marawi. Un historiador de alimentos, Zohar Amar, profesor asociado de estudios de la Tierra de Israel en la Universidad de Bar-Ilan, confirmó que las cualidades de esas variedades corresponden a las descritas en literatura rabínica antigua.

"Marawi es una uva sabrosa para comer pero también sirve para hacer un muy buen vino, similar al Chenin Blanc", dijo Drori. "Unos cuantos enólogos lo probaron y decidieron producir vinos blancos con esta variedad".

Entre los catadores estaba Ido Lewinsohn, de Recanati, quien dijo a ISRAEL21c que la bodega ha contratado a un agricultor palestino de la zona de Belén para mantener un viñedo capaz de producir 2.480 botellas de Recanati Marawi 2014, que sólo se puede encontrar en restaurantes. La vendimia de 2015, añejándose actualmente en toneles y que será lanzada al mercado en el 2016, podría distribuirse también en tiendas especializadas si se produce en cantidad suficiente.

Vinos con identidad local

Otros viticultores israelíes están interesados en cultivar estas vides, descubiertas de nuevo. La bodega Barkan ha plantado viñedos con uvas Jandali y Marawi. Cremisan Cellars, una bodega de monjes salesianos en las afueras de Belén, produce vino blanco con ambas variedades.

Lewinsohn explica que a pesar de que los vinos israelíes han obtenido medallas de oro por su calidad en las últimas dos o tres décadas, "la gente en la industria vinícola está buscando vinos excepcionales que muestren el carácter y la identidad de donde son producidos. Los únicos que pueden reunir esas cualidades son los de uvas mejor adaptadas al clima y el suelo de la zona. Cuanto más antigua sea una variedad, más tiempo ha tenido para adaptarse".
El enólogo Elyashiv Drori en su viñedo en Gvaot. Foto cortesía de la Universidad Ariel

Marawi, dijo Lewinsohn, "no es un vino fácil de tomar. Es complejo e interesante. En nariz es muy cítrico y mineral, pero se puede palpar realmente el suelo en él. No es aromático como el Muscato, pero sus notas minerales le dan mucho carácter".

Lo mejor de todo, desde un punto de vista de mercadeo, es que Marawi es un vino netamente israelí y no sólo un vino producido en Israel.

"Las grandes regiones productoras tienen sus propias variedades, y eso es lo que le da la identidad al vino", dijo Drori. "Israel no ha tenido un vino con identidad, así que, ¿por qué comprar un Syrah de Israel? Por eso, volver a establecer variedades autóctonas es importante y estratégico".

Ahora Drori y sus colaboradores, entre ellos Mali Salmon-Divon, del Laboratorio de Genómica Bioinformática de Ariel, están tratando de identificar qué otras variedades de su colección se usaron en la antigüedad para hacer vino.

"Se han encontrado numerosos vestigios de uva en excavaciones arqueológicas, incluso en el Monte del Templo y la Ciudad de David, así como en Ashdod y en Ashkelon", dijo. El profesor Ehud Weiss, de Bar-Ilan, está colaborando con nosotros para identificarlas con análisis en 3D y ADN. Quizá podamos identificar que vino bebió Jesús en la Última Cena", dijo Drori.
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