El historiador Tom Holland es uno de los que tuiteó la caricatura del profeta Mahoma de Charlie Hebdo tras el mortal ataque en las oficinas de la revista. Holland reflexiona para la BBC sobre si debe tener límites la libertad de expresión, mientras busca las raíces históricas de este derecho.

Las religiones no son las únicas en tener mártires. El 1º de julio de 1766 en Abbeville, norte de Francia, un joven noble llamado Lefebvre de la Barre fue condenado por blasfemia. Los cargos en su contra eran numerosos: que había defecado en un crucifijo, escupido imágenes religiosas y que se había rehusado a quitarse el sombrero cuando pasó una procesión de la Iglesia.

El atentado contra la revista “Charlie Hebdo”, en París, era exactamente lo que temían las autoridades francesas y europeas desde la participación de combatientes occidentales en las filas yihadistas en Siria e Irak.

Francia es el país con el mayor contingente de yihadistas occidentales que combaten en Siria e Irak, más de mil, en su mayoría ciudadanos franceses de origen norteafricano y algunos convertidos.

La Ley y La Justicia ¡en el Mundo de Hoy!

-“Al brazo de la Ley” le acortaron los tendones, por eso, no siempre llega tan lejos, como debería.
¿Qué cirujano habrá cometido semejante cercenación?
– La ley elige sufrir a veces de amnesia. Científicos de todo el mundo buscan su cura. ¡Qué manera de perder el tiempo!

La ciudad luz fue sometida a una orgía de sangre. Criminales fanáticos fueron capaces de oscurecer el cielo de Paris y herir el corazón de todo el planeta. Las banderas de la libertad y la creatividad flamean a media asta en todo el mundo. Hubo 12 apóstoles del humor y la provocación intelectual que fueron asesinados por un fundamentalismo incomprensible para cualquier mentalidad democrática. Fueron cobardes porque utilizaron fusiles ametralladoras AK 47 contra lápices y sonrisas. Podría decirse que Paris también tuvo su noche de los lápices. El terrorismo islámico no es un enemigo tradicional. Esta mañana la genial Pilar Rahola dijo en el programa de Longobardi que la prensa tuvo su 11 de setiembre. Esos periodistas valientes, satíricos que no se casaban con nadie fueron derribados como aquellas Torres Gemelas. Pilar, siempre tan correcta en el uso del lenguaje se fue de boca por su profunda indignación y dijo que esos tipos nos han declarado la guerra porque tienen mierda en el cerebro y maldad en el alma. Pero dijo algo más profundo todavía. Cargado de valores republicanos, dijo que las leyes son para todos, pero los dioses son cuestiones privadas de cada uno.

El Primer Ministro Netanyahu sigue sorprendiendo con sus particulares actitudes. A pesar que lleva ya casi nueve años en tal alto cargo, tres años en su primer mandato y otros seis en esta oportunidad, su forma de actuar en determinados momentos son impredecibles.
Ocurrido los luctuosos actos el pasado fin de semana en Paris, en donde cinco judíos perdieron la vida, cuatro en el super mercado Kasher y uno, el  dibujante Georges Wolinski, en la sede de Charlie Hebdo, se anunció una multitudinaria marcha de protesta para el domingo 11, para demostrar el repudio a los asesinatos que perpetraron los terroristas yihadista islámicos.

Poco antes de llegar a París para participar en la manifestación antiterrorista, el primer ministro Benjamín Netanyahu recordó a los judíos franceses que Israel era su casa y que allí los esperaban con los brazos abiertos. Israel, dijo, es el hogar de todos los judíos del mundo.

El psiquiatra forense Tanay sostiene con dramáticos ejemplos la conocida reflexión del Mahatma Gandhi: Lo más atroz de las cosas malas gente mala es el silencio de la gente buena.

¿Eran muchos los nazis? ¿Son muchos los musulmanes fanáticos?
El autor de este mensaje es el Dr. Manuel Tanay, nacido en 1928, judío que sobrevivió al Holocausto, conocido y muy respetado psiquiatra forense radicado en EEUU. Un hombre, cuya familia pertenecía a la aristocracia alemana antes de la Segunda Guerra Mundial, propietaria de grandes industrias y haciendas. Cuando se le preguntó cuántos de los alemanes eran realmente nazis, la respuesta que dio puede guiar nuestra actitud hacia el fanatismo: Muy pocas personas eran nazis en verdad, pero muchos disfrutaban de la devolución del orgullo alemán y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Yo era uno de los que pensaba en que los nazis eran un montón de tontos. Así, la mayoría, simplemente se sentó a
dejar que todo sucediera. Luego, antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros, se había perdido el control y el fin del mundo había llegado. Mi familia perdió todo. Terminé en un campo de concentración y los Aliados destruyeron mis fábricas…”

Para entender algo…

Nada está aislado en este fenómeno ideológico que nos ha declarado la guerra global. A pesar de que se habla de “lobos solitarios”, sería un error considerar la tragedia de París como un hecho individual. Y para ayudar a desmentirlo, aporto algunos datos para entender la bien trabada telaraña yihadista.

De entrada, la biografía de los hermanos Kouachi, cuya derivada radical nos ofrece un dato básico: su radicalización se produjo en Francia. Fue el predicador Farid Benyetton, jefe de una célula parisina de reclutamiento de Al Qaeda, quien convirtió a Chérif Kouachi, repartidor de pizzas y amante del rap, en yihadista. Del gimnasio a entrenador deportivo, y de ahí a aprender a usar un kaláshnikov. Su hermano Said siguió sus pasos y acabó entrenándose en campos de Al Qaeda en Yemen. El carnet que se olvidaron en el Citroën, después de la matanza, era suyo. Si comparamos estas biografías con las de otros yihadistas con pasaporte europeo que han asesinado por doquier, el patrón es el mismo: su adoctrinamiento se produce en casa, en cualquier rincón de un barrio de París, de Londres, de Barcelona… Y sus adoctrinadores siempre mueven mucho dinero. Recordemos al argelino Belgacem Bellil, vecino de Vilanova, reclutado para convertirse en suicida. Mató a 19 soldados italianos y a nueve iraquíes en Nasiriya.

El historiador Joan B. Culla i Clará se preguntaba en el diario El País del pasado miércoles: “¿No debería la matanza del hiper judío haber suscitado una simétrica abominación del antisemitismo en todas sus formas?”; y se respondía: “La ha habido en la política institucional francesa, desde luego, pero mucho menos en la calle, y todavía menos en nuestros medios de comunicación”. El historiador tiene toda la razón. Los cuatro judíos asesinados por el terrorista Amedy Coulibaly en un establecimiento de comida kosher de París, inhumados en Jerusalén el martes sin la relevancia oficial y mediática de las otras víctimas, parecen haberse evaporado en la conciencia colectiva. Como relata en su artículo Culla i Clará, “en una curiosa inversión de roles, estos días la prensa española se ha referido mucho más al potencial ascenso de la islamofobia que a la realidad palmaria de una judeofobia mortífera.

Probablemente, la presencia del líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, en la marcha de unidad celebrada en París le pareció muy natural a aquéllos cuyo conocimiento de sus actividades se limita a las declaraciones en las que el presidente Obama y el secretario de Estado Kerry lo alaban como campeón de la paz. Pero Abás –a quien se concedió un lugar inusualmente destacado en primera fila de la marcha, al lado del presidente francés François Hollande, equilibrando simétricamente la presencia de al otro lado de éste del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu– llevó todo un bagaje al evento, por lo que se refiere a su propia asociación con el terrorismo y con la incitación al odio a los judíos. El instinto de los medios de comunicación es celebrar la presencia de Abás en la marcha junto a Netanyahu como una prueba de que éste fue un momento Kumbayá trascendente que supondrá un punto de inflexión en la lucha contra el terrorismo y el antisemitismo. Pero los observadores más sobrios se plantearán la cuestión de si el lamentable historial de Abás en estas cuestiones hace más por minar el progreso que lo que el simbolismo del momento hizo por favorecerlo.

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