“Aquellos gauchos judíos”

Opinión
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Alla por el 1889 se iniciaba la colonización judía en la Argentina, a través de la Jewish Colonization Association del Baron Mauricio de Hirsch y miles de judíos de Rusia, Rumania y de otros lugares de Europa oriental comenzaron paulatinamente a llegar para vivir, trabajar y desarrollarse en una nueva atmósfera rural, de paz y libertad.

Alla por el 1889 se iniciaba la colonización judía en la Argentina, a través de la Jewish Colonization Association del Baron Mauricio de Hirsch y miles de judíos de Rusia, Rumania y de otros lugares de Europa oriental comenzaron paulatinamente a llegar para vivir, trabajar y desarrollarse en una nueva atmósfera rural, de paz y libertad.

Hoy, muchos estamos orgullosos de ser descendientes de aquellos gauchos judíos de las colonias de Entre Ríos, de Santa Fe, de Santiago del Estero, de La Pampa y de Buenos Aires.

En estas colonias surgieron los que Alberto Gerchunoff denominó "gauchos judíos", que sin renunciar a su cultura y a su identidad primigenia, se fueron incorporando al estilo del hombre de campo argentino, tomando el aspecto de los gauchos de las pampas y aprendiendo a ensillar los caballos, a manejar el arado y a tomar mate amargo.

A su ancestral tradición se agregaron el asado, las alpargatas, las bombachas, las fajas y el pañuelo. A comienzos del siglo anterior, Entre Ríos llegó a tener cerca de 170 prosperas colonias judías; el trabajo productivo del nuevo gaucho se centraba principalmente en la cria de aves, el tambo, la cría de ganado, la huerta y los cultivos agrícolas.

En el país comenzaron a desarrollarse las cooperativas agrícolas, que dieron mucho impulso a las colonias, prestaban dinero a los colonos, les entregaban semillas, carros, herramientas y artículos a menor precio, vendían en común los productos de la tierra y mantenían hospitales, bibliotecas, cementerios y centros culturales.

Estos peculiares gauchos judíos fueron el producto de esa necesidad vital y milenaria de los nuevos inmigrantes de poder encontrar en esas verdes llanuras argentinas, una nueva tierra prometida donde poder comenzar de nuevo, donde poder cultivar la tierra como lo hacian hace mas de dos mil años sus antepasados en la Tierra de Israel.

"A la mañana, las claras mañanas calurosas y dulces, bíblicas mañanas del campo argentino, los israelitas de ancha barba se inclinaban sobre el suelo intacto, con sus palas redondas, con sus rastrillos, y había algo de ritual, de místico en la gravedad con que desempeñaban su sencilla tarea" Alberto Gerchunoff.

Por Guido Maisuls
Periodismo de opinión e investigación