Comentarios sobre la actualidad israelí

El Primer Ministro Israelí cuando anuncia el llamado anticipado a elecciones.
Opinión
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Descripción foto: El Primer Ministro Israelí cuando anuncia el llamado anticipado a elecciones.  Desde el momento en que sorpresivamente, Netanyahu resolviera disolver el gobierno de coalición a solo  18 meses de haber comenzado su periodo, el panorama político ha comenzado a reestructurarse rápidamente, con algunas movidas inesperadas en el tablero partidario.  La primera y mas sorpresiva,  fue la de  Itzhak Hertzog y Tzipi Livni, lideres del laborista Avodá y de Hatnuá  respectivamente. Hasta su ruptura con Netanyahu, Livni fungía como ministra de Justicia, mientras que Hertzog, encabezaba la bancada  de la oposición. Hertzog y Livni  no solo decidieron ir juntos a las próximas elecciones, sino que además  declararon que de ganarlas, se comprometían a ejercer el poder  de manera  rotativa. O sea, dos años cada uno, en el cargo de primer ministro.

Descripción foto: El Primer Ministro Israelí cuando anuncia el llamado anticipado a elecciones.  Desde el momento en que sorpresivamente, Netanyahu resolviera disolver el gobierno de coalición a solo  18 meses de haber comenzado su periodo, el panorama político ha comenzado a reestructurarse rápidamente, con algunas movidas inesperadas en el tablero partidario.  La primera y mas sorpresiva,  fue la de  Itzhak Hertzog y Tzipi Livni, lideres del laborista Avodá y de Hatnuá  respectivamente. Hasta su ruptura con Netanyahu, Livni fungía como ministra de Justicia, mientras que Hertzog, encabezaba la bancada  de la oposición. Hertzog y Livni  no solo decidieron ir juntos a las próximas elecciones, sino que además  declararon que de ganarlas, se comprometían a ejercer el poder  de manera  rotativa. O sea, dos años cada uno, en el cargo de primer ministro.

El único antecedente  de esta formula, es el gobierno de unidad nacional de  Shimon Peres e Itzhak Shamir, nacido como resultado del empate obtenido entre Avodá y Likud, en las elecciones de 1984. El anuncio de marras, resultó sorprendente para la opinión pública y de alguna manera se interpretó como injusto y asimétrico  para los miembros de Avodá, dado que ese partido cuenta con 15 bancas en la Kneset, mientras que Hatnuá de Livni, solo tiene seis. De acuerdo al  convenio, Livni secundará a Hertzog en la plantilla, mientras que el ex ministro de Medio Ambiente por Hatnuá,  Amir Peretz, antiguo miembro e incluso líder de Avodá en el pasado, se ubicará en el octavo lugar. El resto de los candidatos postulantes se jugarán su lugar a través de elecciones primarias internas. Tres semanas después de esta sensacional declaración, las encuestas de intención de voto le dan a la lista conjunta, 24 curules, o sea tres mas que a la suma de sus actuales y respectivas representaciones parlamentarias. Con ello logran por primera vez, sobrepasar  virtualmente y  por el momento, al Likud de Netanyahu. La otra sensación política la ha protagonizado el partido ortodoxo oriental, Shas. A solo un año de la muerte del rabino  Ovadia Yosef,  líder espiritual y promotor del partido hace 30 años, Shas, se ha dividido en dos  fracciones, ahora envueltas en una encarnizada y escandalosa pugna. Según las últimas encuestas, ambas listas se exponen a no franquear la barrera del  3.25% de los votos contables, establecida como mínimo por la nueva “ley de gobernabilidad”  para lograr representación en la Kneset. Por esa misma razón, los tres partidos árabes están en tratativas de unificación a fin de llegar a un mínimo común denominador, que les permita salvar esa barrera. Jadash, el partido comunista israelí que fuera fundado por judíos en los años 20 del siglo pasado, hoy esta compuesto por  una mayoría  árabe y una minoría judía. Ese partido, no parece que se sumará al intento de unidad, con  los partidos islamistas o nacionalistas árabes. Se calcula que los ciudadanos árabes de Israel, poseen un potencial electoral conjunto,  de entre 15 a 17 curules en la Kneset. Mientras tanto, una nueva “estrella” se eleva en el firmamento político. Se trata de Moshe Kahalon y su nuevo partido “Todos”. Ex ministro de Comunicaciones y luego también de Bienestar Social por el  Likud, en el periodo 2009/2013. Se alejó del partido y la vida política por desavenencias con Netanyahu a causa de su política socioeconómica. Kahalon ganó mucho apoyo popular, cuando logró por ley, romper el monopolio de las tres grandes empresas de telefonía celular, obligándolas a  competir entre si y a reducir sus tarifas de manera drástica.  Kahalon, que otrora fuera conocido  por sus posturas contrarias a un estado palestino, hoy critica a Netanyahu por su falta de iniciativa  política y alerta sobre un peligroso aislamiento internacional de Israel.  El partido HaBait Hayeudí  de tendencia religiosa-nacional y encabezado por el ministro de Economía Neftalí Benet, esta viendo acrecentar su potencial electoral en las encuestas.  Benet y su partido representan a muchos de  los 350 mil colonos judíos establecidos en Judea y Samaria y a otros sectores tradicionalistas y laicos de derecha, que niegan rotundamente el establecimiento de un estado palestino.  Eje principal de su campaña, a la vez que  propugna leyes civiles que pretenden acentuar “la identidad nacional judía”. Mismas  que podrían poner en tela de juicio, el principio de  igualdad de derechos para todos  los ciudadanos del país. En el Likud, se  libró  una feroz contienda interna en su última convención. Miembros prominentes del partido, habían  abandonado  sus filas en los últimos tiempos. Otros, fueron  marginados,  por la presión de   grupos de derecha-religiosa, que pretendían  apoderarse hostilmente del partido.  Esta situación, estaba poniendo  a Netanyahu y a su liderazgo en  la cuerda floja. La  convención del partido finalmente, origino una plantilla donde aun figuran candidatos  de la extrema derecha, pero en  número mas reducido. Netanyahu deberá definir posiciones y hablar claro ante las próximas elecciones.  No se puede manipular el principio de dos estados para dos pueblos, como lo ha hecho hasta ahora,  pero en realidad  conducir una política de estancamiento. Sin ninguna iniciativa o plan político. Solo esperando  que  el status-quo, la inercia  y el correr del  tiempo,  jueguen a su favor. En cuanto a la difícil situación económica por la que atraviesan  grandes sectores de la población, su imagen se ve hoy muy  deteriorada. De todas maneras, la nota de la semana anterior la ha dado sin duda,  el partido Israel Beiteinu, liderado por el controversial Avigdor Liberman, actual ministro de Relaciones Exteriores. La Unidad Especial 433 de la  policía,  dedicada a la investigación y persecución de la corrupción y el crimen organizado, con el aval de la Procuraduría General de la nación y del Asesor Jurídico del gobierno, han abierto una profunda  investigación sobre un caso de  corrupción que involucra a  altos cargos  de ese partido. Se trata de una amplia red de burócratas  de algunos ministerios  del gobierno, que llega hasta  alcaldes  municipales, y conocidas figuras de la actividad social, cultural  y deportiva del país. Al parecer, esta red  desviaba  fondos del presupuesto  de algunos ministerios, a favor de individuos y organizaciones allegadas al partido, para luego cobrar   porcentajes de esos fondos, en su beneficio personal.  Las pesquisas  han llevado hasta ahora, a la detención de más de  30 conocidos funcionarios de todos los niveles. Entre ellos, la viceministra de Interior, quien es señalada  como cerebro de esta  maniobra delictiva. Luego de ser interrogada durante  varias horas fue puesta en libertad, gracias a su fuero parlamentario. El resto de los involucrados se hallan aun detenidos. Liberman ha acusado  a  los gestores  de la investigación, denunciando el acto como una conspiración política en contra de su partido, justamente en vísperas de las elecciones. El mismo, aun no ha sido llamado a prestar declaración. Nadie puede prever aun, cuales serán los efectos de este incidente en el resultado de las elecciones para este partido. Según datos elaborados por  organizaciones internacionales sobre los países con menor corrupción  en sus aparatos burocráticos, Israel ocupa el  lugar  37 entre los 175 países investigados. Para fortuna y consuelo de los  israelíes, hay jueces en Jerusalem que imparten justicia. Y que  aplican la ley con todo rigor y castigan  sin distinción,  a los responsables de este tipo de  delitos. Liberman, ahora muy crítico y opuesto a Netanyahu, busca  como lo hacen también el ex ministro de Hacienda, Yair Lapid y  Kahalon del  nuevo partido “Todos”, robarle  votos  al Likud. Sobre todo, de aquellos defraudados  de Netanyahu por la situación económica y que se aprestan a  castigarlo en las urnas. Por supuesto, también  todos  buscan  atraer al  electorado  del “centro”  en el  espectro político. Aquellos  que no votarán  a Avodá por razones atávicas o  prejuicios contra la izquierda, o por no querer apoyar a sus candidatos de  extrema derecha. La insatisfacción popular se orienta sin duda, hacia la  política económica de los últimos dos periodos de Netanyahu. Ese será el tema de  prioridad en las elecciones. Casi a nivel  de  protesta popular. Luego vendrán, según los sondeos, los tradicionales asuntos  de seguridad nacional, la religión y el estado etc. La política económica  ha llevado a acrecentar de forma alarmante, las filas de las clases más débiles y necesitadas, acentuando cada vez más la distancia y desproporción entre ricos y pobres. Grandes sectores del  pueblo israelí, pagan desde hace  tiempo y de manera extrema,  los cada vez mas exigentes gastos  que impone el conflicto con los palestinos y aquellos, destinados  a la seguridad nacional en general. Lo que hay que entender, dicen algunos politólogos y economistas, es   que  existe una estrecha relación entre esos imperativos para la defensa  y la situación económica que vive  el país.  Por eso, el simple lema “Solo no Netanyahu”, esgrimido  por varios  partidos,  no será suficiente para dar el  giro sustancial  que exige  la actual situación. Sin un vuelco político real,  orientado firmemente a fortalecer las instituciones de un estado  protector, que brinde  bienestar social a toda la población,  no habrá solidaridad en el seno de la sociedad israelí,  ni tampoco seguridad nacional.

Ofensiva  diplomática

A pesar de la fuerte oposición de la administración Obama y de una  conformación adversa en el Consejo de Seguridad de la ONU, la Autoridad Palestina resolvió presentar su propuesta de resolución. La moción, pretendía que la ONU adopte una resolución que le ponga fin a la ocupación de los territorios en  Judea y Samaria en un plazo de tres años, juntamente con  el reconocimiento de un estado palestino independiente. Tomándose como referencia,   la  frontera de 1967 como línea divisoria con   Israel y que se reconozca a  Jerusalem Oriental como  capital del estado palestino.  La moción  presentada por Jordania,  no logró el voto necesario de nueve países, de entre los 15  que componían  el Consejo. Pero en  enero del 2015, se cambiarán cinco de los países no permanentes en el Consejo de Seguridad. Casi todos ellos, considerados  hostiles a Israel y que podrían aprobar por mayoría   la propuesta  palestina. Lo que  exigiría entonces, el incomodo uso del  veto norteamericano para fraguar el intento. Hamas se opuso abiertamente a la iniciativa del presidente palestino, pues esa moción dijo, reconoce tácitamente el derecho de  existencia de Israel.  Los europeos, han elaborado un plan que propone un plazo máximo de dos años de negociaciones intensivas,  que debería concluir  con la creación de un estado palestino y un tratado de paz que garantice la seguridad a Israel. Varios parlamentos europeos han votado últimamente,  mociones declaratorias a favor  de  un estado palestino, sin que ello obligue a sus gobiernos por el momento, a tomar  medidas concretas  al respecto. Los europeos se adhirieren, salvo  algunos cambios, a la iniciativa Saudita del 2002, respaldada por la Liga Árabe. En lo esencial de sus   términos, allí se  exige la  devolución de todos los territorios ocupados en 1967,  el establecimiento de un estado palestino y el regreso de un número no determinado de  refugiados  a Israel.  A cambio, los países árabes  ofrecen su reconocimiento a  Israel y el establecimiento de  relaciones  diplomáticas. Plan que hoy, carece de toda validez, pues los mismos palestinos  están profundamente  divididos entre  si en  varias fracciones, cuya mayoría, niega cualquier tipo de  reconocimiento a  Israel. La Autoridad Palestina dice reconocerlo, pero le niega  su condición  de  estado nacional del pueblo judío. Además, que tipo de garantías podrían ofrecer hoy países como Siria, Irak, Yemen o Libia entre  otros, sumidos en  guerras fraticidas que han hecho sucumbir el estado de derecho  de un gobierno legal y reconocido. Que no hablar del sanguinario Califato y Ejercito Islámico,  ya dueño de  parte de  los territorios de Irak y Siria y  que amenaza con irrumpir en Jordania y Líbano. Los palestinos, se aprestan a  solicitar además, su  membresía  en cientos de organismos internacionales. Muy particularmente, ante el Alto Tribunal de la Haya y su Corte Penal Internacional, donde  pretenden  acusar a Israel de cometer   crímenes de guerra. Acto que  podría  revertirse fácilmente y actuar  como  un  verdadero “bumerang” en su contra. El caso del lanzamiento de miles de misiles sobre la población civil, por ejemplo, o actos de terrorismo calificados de lesa humanidad. EEUU ha anunciado que se opondrá  a la moción palestina por considerarla “desequilibrada y provocativa”. La doctrina norteamericana ha sido clara y consecuente a ese  respecto. Durante décadas ha mantenido  que el proceso de paz, debe ser el resultado de un acuerdo consensuado entre ambas partes y no una imposición externa. Israel ha declarado que se opondrá a cualquier resolución que la obligue a cambiar los términos del  status-quo vigente y que no sea  producto de un acuerdo entre las partes. Netanyahu ha expresado que esta considerando aplicar represalias económicas  contra la Autoridad Palestina. Hecho que habría que estudiar con extrema cautela, dado que ese tipo de sanciones podrían desmoronar a la autonomía palestina y convertirse en un arma de doble filo. Todo indica que por el momento, la situación continuará así, condenada a un trágico y congelado círculo vicioso. El conflicto con los palestinos no tiene solución militar, por lo tanto, la  pregunta  real no es solo como se frenan los procesos hostiles locales o internacionales. La verdadera pregunta es, como se activan iniciativas políticas, que sin renunciar  a los principios fundamentales se pueda resguardar  la  integridad del estado y la seguridad de su  población. Una política, que debiera  conducir a una salida del conflicto. Ya sea esta gradual y a largo plazo, o definitiva. Una que arroje  por lo menos, un rayo de luz  y de esperanza de paz, para ambos  pueblos.