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La disputa sobre la casa de Hebrón echa luz sobre el deseo árabe de un Medio Oriente libre de toda presencia judía
Los titulares invisibles van más allá de los colonos que compraron una casa cercana a la Tumba de los Patriarcas, cerca de Hebrón. La historia real no es acerca de quién es su propietario sino más bien se ubica en el mismo núcleo del conflicto en Medio Oriente.
Mientras que Israel no es "Arabrein" (ciudadanos judíos que viven con sus compañeros- ciudadanos árabes y ni ellos ni nadie más sugiere que son "un obstáculo para la paz"), como la ideología nazi considera a todo el Estado de Israel como una presencia extraña entre las naciones islámicas, una indeseable isla en un mar árabe que debe ser, en última instancia, sepultada. Este es el real apartheid, que es apoyado por Occidente y el cual surge la deslegitimidad del Presidente Barack Obama de los barrios de Jerusalén post 1967.
El concepto de sacar a una comunidad étnica o religiosa de cierta región nos retrotrae a los peores recuerdos de la Segunda Guerra Mundial, si bien se convirtió en la línea dominante cuando es aplicado a parte de la tierra de Israel. El escándalo es tipificado mediante "el destino de los árabes que vendieron casas y tierras a judíos". Hasta ahora, decenas de árabes fueron asesinados por vender sus hogares a judíos.
En 1995, el Consejo Legislativo palestino votó, de manera unánime, a favor de la sentencia de muerte. La ley fue aprobada por la AP sobre la base de una ley jordana que fue efectiva hasta la víspera de la Guerra de los Seis Días (1967). El mufti de la AP en Jerusalén, Sheikh Ikremah Sabri, y el juez principal islámico palestino, Sheikh Tayseer Tamimi, implementaron decretos religiosos autorizando el asesinato de árabes que venden propiedades a judíos y prohibiendo a musulmanes a enterrarlos en cementerios islámicos. Ni siquiera en la Alemania nazi en los años treinta se conoció este nivel de patología anti-judía.
Los libros de textos promueven el racismo
En ese sentido, Hebrón es una prueba: la única ciudad palestina con presencia judía en su seno. Es una apuesta segura que, la población israelí común dirá que, dada la elección entre una presencia judía en Hebrón y la paz, ellos, con un poco de duda eligen la última. Pero todas las noticias desde Hebrón muestran que esa elección no existe. Es una ilusión.
El simple hecho es que los árabes consideran todo lo que está dentro y alrededor de Hebrón, tal como lo hacen con toda la tierra de Israel, como sagrada tierra musulmana. Los judíos vivieron en Hebrón como "dhimmis", residentes de segunda clase, siéndoles prohibido rezar en la Tumba y confinados, de manera humillante, al séptimo escalón que conduce hacia el interior del edificio.
En diciembre de 2010, el Presidente de la AP Mahmoud Abbas dijo que "nunca permitiré a un solo israelí vivir entre nosotros, en tierra palestina". Tal declaración sería la primera, desde la Alemania nazi, en prohibir a judíos o a cualquier otra fe.
Esta lógica obsesiva solo llevó a Abbas a honrar, con una medalla, a la corresponsal Helen Thomas de la Casa Blanca, quien provoco una tormenta en EEUU después de decir que los judíos deben "escapar del infierno de Palestina" y "volver a casa" a Alemania o Polonia. Sin embargo, ese es un racismo que va más allá de los palestinos.
Las leyes que dificultan la vida judía en países árabes no son la excepción sino la condición tradicional. Arabia Saudita ni siquiera permite visitantes judíos, ni qué hablar de empleados extranjeros judíos. Como cuestión de política, los jordanos no permiten que judíos tengan domicilio en su país. Esta visión racista, hallada en los libros de texto árabes y enseñada en las escuelas de todas las naciones árabes, es la última resistencia para la paz real en la zona, y no los residentes judíos de Judea y Samaria.
En 1942, los nazis se reunieron en una villa, fuera de Berlín y adoptaron la "Solución Final para la Cuestión Judía". Entonces, los antisemitas querían hacer del mundo "judenrein", libre de judíos. En 2012, los antisemitas quieren hacer el mundo "Judenstaatrein", libre de un Estado judío.
Giulio Meotti, periodista de Il Foglio, es autor del libro A New Shoah: The Untold Story of Israel´s Victims of Terrorism (Una Nueva Shoah: La Historia No Relatada de las Víctimas del Terrorismo en Israel).
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